Me gustaria empezar este post con dos frases de Picasso que creo que reflejan exactamente lo que intentaré explicar a continuación: 


“Me llevó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida pintar como un niño.”


“Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo un artista una vez que hemos crecido.”


Bien, después de esto…explicarme:


Cuando vemos a un niño pequeño, se puede ver la originalidad en estado puro: no existe ningún prejuicio, ninguna referencia, ninguna contaminación de la imaginación. Son capaces de ver otro continente en un parque, un monstruo en unas sombras o diseñar su propia casa con cuatro almohadones y dos sabanas. Toda esta fuerza de imaginación es increible, es arte. Lástima que con el paso del tiempo, sean pocos los que mantengan esa fuerza y esa originalidad. 

Con la carrera de arquitectura veo que pasa algo similar. Seguramente en todas las “artisticas”. Empezamos con unas ánsias de imaginación, de inconformismo, de personalidad muy grande, pero poco a poco nos vemos contaminando. Maduramos con las enseñanzar de Le Corbusier, de Mies, de la actualidad, pero es todo igual. Casas como cajas de zapatos, pilotis, minimalismo, diagramas….

¿Dónde esta la originalidad? Ya avanzado el curso, proyectamos muros de ladrillos, pilares y zapatas. ¿Acaso no hay algo más?

Fuera de lo material pasa de igual manera: ¿Una casa? Pues dormitorios, baños, una cocina y salón. Seguramente asi el infante sea mejor “arquitecto” que nosotros.

Hay algo que debemos cambiar, debemos intentar volver a la originalidad, a la obstracción, cuestionarnos todos los principios que nos han enseñado y empezar a proyectar sin ningún prejuicio inicial.

De esta forma crearemos arte, crearemos arquitectura, crearemos diversidad.